En una época en la que lo útil y lo inmediato parecen llevar la delantera, publicar en psicoanálisis se ha convertido casi en un acto de resistencia. Cada edición de nuestra Revista Lacaniana de psicoanálisis es, sin duda, una confrontación con la verdad siempre parcial y mentirosa del inconsciente, una apuesta por mantener lo singular y lo contingente en un mundo que idolatra las certezas y la efectividad. La pulsión, con su carácter disruptivo e inasimilable, viene a desbaratar esa frágil ilusión de seguridad que brinda la utilidad inmediata, recordándonos que hay un núcleo de goce que escapa a la lógica de la productividad y la efectividad. La transmisión que aquí encontrarán es una forma de intervenir desde lo escrito en psicoanálisis, para poner en valor lo que no puede ser colonizado por ningún discurso, por muy eficiente que este sea.
En esta línea, una clase de uno de los primeros Cursos de Jacques-Alain Miller abre este número dedicado a la Pulsión. Ya en esa época, propone que la enseñanza de Lacan requiere una reapertura y reanimación de sus conceptos fundamentales, para así evitar la degradación de términos claves como “falta”, “sujeto tachado” y “objeto a”, sugiriendo un retorno crítico y una lectura que trascienda la mera transmisión del significante, especialmente en relación con la pulsión. Otros colegas, invitados a desarrollar este tema, exploran este concepto desde sus orígenes freudianos hasta sus desarrollos lacanianos, examinando la relación entre cuerpo, goce, lenguaje y el papel estructurante del objeto a, destacando cómo la pulsión desafía cualquier intento de reducción a una función biológica o moral.
Varios psicoanalistas leen al joven Lacan en sus Primeros escritos, una lectura retroactiva que invita a encontrarse con estos textos tempranos desde la perspectiva de sus desarrollos posteriores. Subrayan el valor que otorga Lacan a los escritos de los pacientes para captar la lógica de cada caso, destacando la singularidad clínica, el detalle de los síntomas y la estructura de la paranoia.
En El pase, los miembros del Cartel H11 presentan las implicancias de la transmisión de la experiencia analítica, la nominación de los pasantes y la operación del dispositivo del pase. Enfatizan cómo el trabajo en el Cartel –atravesado por la contingencia de la pandemia y la crisis del pase en la ECF– resalta la dimensión de la transferencia a la Escuela y la función ética del analista, al captar lo irreductible de la experiencia analítica, lo que promueve una transmisión que se aleja de cualquier burocratización.
En Transferencia de trabajo también hay espacio para los carteles. Podrán leer la noche de la EOL en la que se abordó el cartel como una política de enunciación. Esta articulación entre el saber analítico y el deseo de Escuela invita a cuestionar la estructura de los grupos tradicionales y a fomentar un lazo que permita la inclusión de lo heterogéneo y la continua reelaboración del saber.
Desde el número anterior de nuestra revista, introducimos la temática de La práctica del control. Esta vez, Chistiane Alberti resalta la naturaleza desestandarizada del control, y retoma la importancia del deseo del analista para mantener vivo su vínculo con el inconsciente y promover una formación que priorice la singularidad y el rigor ético en la práctica analítica. Roberto Mazzuca resalta la tensión entre ese deseo del analista y el deseo de curar, reconociendo cómo el control en ámbitos hospitalarios precisa adaptarse a objetivos terapéuticos, lo que contrasta con la formación analítica en la Escuela. Otros autores aportan su mirada sobre de la práctica del control.
En Perspectivas lacanianas, Laurent Dupont y Mauricio Tarrab ofrecen sus enseñanzas sobre la interpretación analítica y el lugar del goce en el psicoanálisis. Dupont destaca la “vociferación”, que implica una presencia directa del cuerpo en el discurso más allá de la mera enunciación. Tarrab, por su parte, reflexiona sobre la interpretación a través de lo que llama el “exorcismo de lo real”, permitiendo que el decir se vuelva un acontecimiento que tome cuerpo y conmueva al sujeto. Ambos resaltan cómo el acto analítico introduce un deslizamiento y cuestiona las estructuras de sentido establecidas, ofreciendo al sujeto la posibilidad de un encuentro con lo real desde una experiencia de lenguaje. Gabriela Dargenton, en su trabajo sobre religión y angustia, explora la estructura simbólica que Lacan asigna al discurso religioso.
En Recorriendo la AMP, se cuestiona de qué manera los límites y excesos de la tecnología, el goce y la locura afectan el lazo social y el lugar del sujeto en el mundo contemporáneo. Miquel Bassols aborda la forclusión del sujeto en la tecnología, destacando su creciente rol en la vida humana. Gabriela Camaly analiza la relación entre el goce y la muerte a través de la obra de Yukio Mishima, donde el sujeto encuentra un goce extremo fuera del sentido. Pascale Fari, a través de un caso clínico, examina el miedo a la locura y sus efectos en la subjetividad; mientras Hélène Bonnaud aborda el pasaje al acto en la adolescencia.
Invitamos a nuestros lectores a sumergirse en estas páginas, donde cada contribución ofrece una mirada singular sobre la práctica y la teoría psicoanalítica. En un tiempo en el que lo inmediato parece dominar, como mencionamos al inicio, esta edición se presenta como un espacio para detenerse, reflexionar y confrontarse con aquello que, en psicoanálisis, resiste cualquier intento de captura en el discurso del amo. Que cada texto despierte en ustedes nuevas preguntas y reavive la transmisión de un saber que nunca se agota.