Este número 38 de la Revista Lacaniana de Psicoanálisis se organiza bajo un título que asume la tensión entre la época y la clínica: Lazos y síntomas. No buscamos encerrar el aforismo que orienta el XV Congreso de la AMP –“No hay relación sexual”– en una consigna repetida, sino bordearlo para leer lo que hace marca en el sujeto y lo que, en la práctica, se inventa como respuesta. Entre el resto que insiste –síntoma, amor, objeto, plus-de-goce– y la imposibilidad de escribir la relación “de una vez y para siempre”, la experiencia analítica se juega caso por caso.
Pero abrimos este número con “Frases que marcan”, de Jacques-Alain Miller, a quien agradecemos muy especialmente su autorización: una brújula que piensa la frase como acontecimiento de palabra que deja marca en un sujeto y orienta un trayecto. Esta clave inaugura el tono del número: allí donde ese imposible se constata, una frase bajo transferencia puede hacer existir un lazo y empujar la invención singular. Sitúa el problema del decir que marca, entre lo íntimo y lo público, y nos instala en una lectura de época donde el significante se hace serie, eslogan y, sin embargo –en análisis– puede volver a tocar el cuerpo y cambiar un destino.
En Leer Lacan, sobre Lazos y síntomas, se tensa el no hay con el hay: la transferencia como trampolín hacia el hay, la suspensión del parloteo, la letra –el sinthome– que escribe un modo de goce, y los pasajes del “no es eso” a un “eso es” con el que cada quien se las arregla. En el corazón de estos textos, el analista opera un lazo original –introduciendo un imposible– para anudar detalle y cuerpo en una práctica situada y orientada por el punto de goce.
En este apartado, un énfasis particular recae en los trabajos sobre abuso: una lectura que, partiendo del #MeToo y de una serie de testimonios literarios (Angot, Springora, López Peiró), sitúa el problema del consentimiento y desplaza el tema del “abuso” del registro de la denuncia social al del caso por caso, sin confundir la política del psicoanálisis con el discurso de la denuncia. Así, la clínica acoge el significante sin fijar al sujeto en la víctima; interroga su función (defensa, demanda, mortificación, goce), localiza el resto que insiste y orienta operaciones que produzcan pérdida de goce y reabran la vía del partenaire.
El pase: dos testimonios –“Tracitos” y “Acto analítico y destitución subjetiva”– verifican, más allá del sentido, los efectos del decir y del acto en la economía del lazo.
Transferencia de trabajo: incluye, en primer lugar, una de las Noches de la Orientación Lacaniana de este año, donde el recorrido por Causa y consentimiento hace del vacío de la causa un operador, del consentimiento un decir que decide, y de la palabra el lugar donde se juega el lazo.
El apartado Noche preparatoria al XV Congreso de la AMP sitúa el “No hay relación sexual” como brújula, nuevamente, y destaca un trabajo en curso: se plantea una “gramática lacaniana” del aforismo –del “no es eso” al “eso es”–; se lo tematiza como un axioma articulado con la lógica y la topología; se lee la no-relación desde lalengua y el malentendido contemporáneo (de Black Mirror a los brainrots); se interroga el discurso hipermoderno que a la vez hace fallar y obtura, apostando a “fallar mejor” en la clínica; y por último, se pone en juego el amor y el exilio –del ghosting a Joyce– para subrayar la irreductibilidad del Otro y la invención del lazo para cada uno.
Luego, es el tiempo del Coloquio Silet realizado este año en nuestra Escuela. El “Argumento” de Graciela Brodsky y los ejes “Disciplina del comentario” y “Perspectiva del concepto” retoman el nudo interpretación-pulsión-mirada para leer, caso por caso, qué puede una operación analítica sobre los modos de goce.
Como cierre, Recorriendo la AMP nos da la oportunidad de leer el texto “Pragmática contemporánea del diagnóstico”, de Jean-Pierre Deffieux, quien propone, más allá del catálogo, un arte de juzgar sin regla ni clase, que lee las defensas ante la no-relación sexual y reordena el lazo según los modos de goce –en plena sintonía con lo trabajado en este número en torno a Lazos y síntomas.
Este número se lee como una trama de invenciones: de la frase que marca al sinthome que sostiene, del vacío al lazo, de la transferencia al acto analítico, con la misma apuesta de fondo: hacer existir un lazo donde la relación no se escribe, uno por uno.
Solo el psicoanálisis puede ofrecerse como respuesta para dar lugar a la creencia en el síntoma que permita circunscribir y localizar el hiato; es una práctica que constata, una y otra vez, que “la relación sexual no existe”. Y allí, solo resta algo por escribir.
Este es el último número que me toca dirigir, luego de dos años de un trabajo de publicación que muchos saben que me apasiona, y quiero agradecer de corazón al Comité de Redacción –con un gracias especial a Leticia Acevedo, que ofició de secretaria de redacción y su trabajo fue invaluable–; a nuestros asesores y al director responsable, por la rigurosidad, el trabajo compartido y la amistad que sostiene esta publicación.
¡Que este número circule como una invitación alegre a leer, conversar e inventar!